¿Incompatible con la vida… o con el criterio médico?

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El pasado 12 de mayo, aparecía en el Mundo una noticia que rezaba así: “Condenado por un aborto sobre el bebé sano de un embarazo gemelar” (http://goo.gl/lcWzwX) Si se continuaba leyendo, explicaba que un ginecólogo había sido condenado a cuatro meses de prisión y a tres años de inhabilitación por haber realizado un aborto sobre el hermano sano, en lugar de sobre el enfermo, que padecía una enfermedad que, según el artículo, era “incompatible con la vida”. El gemelo enfermo fue abortado posteriormente.

El artículo estaba escrito en un tono sentimental, para que el lector pudiera hacerse una idea del pesar que habían sufrido los padres. Sin embargo, al leer el cuerpo de la noticia, se planteaban dos cuestiones muy importantes.

La primera, que simplemente será planteada pero no discutida, era: ¿no es un poco incoherente condenar a un médico por matar a un bebé sano, pero no hacerlo por matar a un bebé enfermo? Estando los dos hermanos en igualdad de condiciones en cuanto a desarrollo embriológico, ¿tiene uno más derechos por estar sano, que el otro por tener un problema de salud? ¿uno sí merece el respaldo de la ley, pero el otro no? Desde luego, merece la pena reflexionar sobre estas cuestiones.

Pero la segunda cuestión, aunque menos evidente, era igualmente importante. Y es que el periódico calificaba de “incompatible con la vida” una malformación cardíaca conocida como “truncus arterioso”. Y esto es, o bien una falta de formación del redactor, o bien, un intento de justificar una conducta mal planteada.

Sin entrar en detalles excesivamente técnicos, el truncus arterioso es un fallo en la formación de la arquitectura del corazón. De manera normal, de los ventrículos salen dos vasos: la aorta y la arteria pulmonar. En el truncus arterioso, en lugar de haber dos vasos, hay uno solo que recibe la sangre de los dos ventrículos. Como se ve en este artículo de ABC, que explica muy sucintamente las enfermedades incluidas en la categoría de “incompatibles con la vida”, el truncus arterioso, no es una de ellas (http://goo.gl/R464hh).

Es más: si buscamos en google “truncus arterioso común”, en seguida aparece un documento de la Asociación Española de Pediatría (https://goo.gl/IJp0Xt), que explica la enfermedad, con su gravedad, diagnóstico y tratamiento; y explica que, tratando esta enfermedad, la tasa de supervivencia de estos niños es del 65-70% a los 10 años. ¿Cómo puede clasificarse de “incompatible con la vida” una enfermedad que, tratada adecuadamente, permite vivir más de 10 años a prácticamente a 3 de cada 4 niños?

Y entonces entendemos que el problema no está en la enfermedad del niño. El problema está en que la Medicina, en lugar de buscar soluciones a las enfermedades, o aplicar y mejorar los tratamientos que ya existen; directamente desahucia, amparada por la ley, a estos niños. Si en vez de rendirnos, lucháramos por sacarlos adelante, en unos años, el índice de supervivencia aumentaría enormemente.

¡Qué distinta hubiera sido la historia, si aquel médico que atendió a la madre, hubiera apostado por intentar curar al niño! En lugar de haber tenido que pasar por aquel horrible trauma, la mujer disfrutaría ahora, muy probablemente, de sus dos hijos.

Es momento de pararse a pensar cuál es la actitud que está tomando la Medicina. Si estamos avanzando y creciendo al apostar por nuestros pacientes, o si nos estamos refugiando cobardemente en una cómoda ley.

TR

– publicado originalmente aquí.

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